El color lavanda de las veredas te hipnotiza y en ese estado tenés que hacer un esfuerzo mayúsculo para no dejarte llevar hacia el placer puro de no hacer nada...
Oler los tilos de toda la ciudad exhudando su mágico llamado, su invitación al ocio y a la tranquilidad, es embriagador. Acostarse debajo de un jacarandá mientras él te llueve flores parece ser un sueño.
Tratar de seguir tu ritmo de vida sin que te inmute es tan difícil como no sonreir tontamente con "ese" recuerdo.

Es como resistirse al árbol de la vida en Mundo Anillo.
Es como intentar dejar de rascarte.
Es como dejar medio helado de dulce de leche.
Es como interrumpir un momento de placer sexual.
A pesar de todo nuestro entrenamiento para convertirnos en seres civilizados, estos momentos son donde aflora nuestro yo más instintivo...




