Si copias algo, citame!

01 septiembre 2014

ICPE 2014 - Córdoba la Docta

LUNES 18 de Agosto:
Cuando el avión despegó, mi sonrisa no podía ser más grande. Estaba, una vez más, rumbo a lo desconocido. Viajaba dentro del país, lo cual supone comodidades que no están cuando atravesamos una frontera: los enchufes son iguales, los cajeros automáticos son los mismos, no hay que hacer conversión mental de monedas para saber si algo está caro, la comunicación con la gente es mucho más fácil en la calle, etc... 

Sin embargo, estaba yendo a la International Conference of Physics Education, tenía que dar una charla en inglés e interactuar con un montón de gente de distintos países. A la mañana, conferencias plenarias y pósters; a la tarde, charlas cortas y workshops. 
El viaje duró apenas una hora, menos tiempo del previsto, y ya estábamos en Córdoba.
Al llegar al Hotel Carman (del ACA), ya las Conferencias plenarias del lunes habían empezado, así que subí a mi habitación y largué la valija, bajé y me inscribí, y fui hacia el salón grande. 
Las charlas eran en inglés, las preguntas eran en inglés, las respuestas eran en inglés. Las charlas de pasillo eran en inglés. Y pensé: "¡Quiero almorzar en castellano!". 
Al mediodía, en el restaurant del hotel, había toda una sección dispuesta en mesas circulares grandes, como para 10 comensales cada una, más o menos. Me senté en una mesa donde había un señor con nombre y apellido latinos; supuse que era mexicano. 
Pues no, era norteamericano, pero hijo de costarricenses, me enteré después. Toooooooooooooda la mesa era angloparlante: ingleses, norteamericanos, un alemán, un canadiense...  
A la tarde estuve en un Workshop (taller, digamos) que organizaron unos japoneses cuyo grupo se llamaba LADYCATS. La verdad, espectacular!!! Cómo con papel, vasitos de plástico, pajitas, cosas simples, podemos enseñar y demostrar física. Los experimentos estaban diseñados para despertar la curiosidad de los niños (cosa que funcionó perfectamente con Mora en casa) pero la explicación de los fenómenos puede darse tranquilamente en la universidad, que es lo que pienso hacer.
Después subí a la habitación y ordené tranquila la ropa y mis cosas; me conecté con Nacho y Mora vía skype y nos contamos nuestro día. Las noches siguientes, también.
Terminé el primer día del ICPE agotada, tanto por el madrugón como por el esfuerzo mental. Así y todo, tenía que repasar mi charla, que era al día siguiente. Abrí el powerpoint, modifiqué un par de diapos, pero resolví no practicar nada y que saliera como saliera. Solamente me imaginé, me visualicé hablando un inglés fantástico (jajajaja :D ), y preparé la ropa que me pondría.
Luego bajé a cenar y estuve charlando en inglés y castellano con dos mexicanos, un irlandés que había vivido en sudáfrica y ahora vivía en Nueva Zelanda y un brasilero.


MARTES:
Al día siguiente, me levanté con el tiempo justo como para desayunar e ir a las charlas de la mañana. Estuvieron interesantes, y los posters que empezaron a colgar también.
Sin embargo, hacía un calor inusual para agosto ¡y yo me había llevado toda ropa de invierno! Decidí perderme alguna charla e ir al centro a comprarme un par de remeras. Y de paso conocer algo de Córdoba. Me fui caminando, un poco porque era cerca y otro poco porque me sentía un poco entumecida con tanta charla sentada. Buscaba un par de remeras semi formales, una para dar mi charla y la otra de repuesto... Me compré la remera de la foto, de manga muy corta y como para usar con calzas, y otras tres remeras "guarras": una con tachitas, agujeros en la espalda que dice METAL, una son mangas de Harley Davidson y otra verde cortita de cuello ancho, como para usar arriba de otra cosa.


Volví y para el almuerzo decidí que bueno, ya que estaba en la Conferencia, me tenía que largar a hablar y dejarme de joder. En la mesa que me senté había un potpourri de gente, así que hablé e interactué lo más que pude. Hasta me animé a contar un chiste!!

Fui a un taller de para enseñar física con aplicaciones de celulares, que estaba super interesante, dado por Kyle Forinash y Raymond Wisman. 
Y después me fue muy bien en mi charla, que era sobre las dificultades que tienen los alumnos para entender cómo manejarse con óptica geométrica. El único detalle fue que un ruso me preguntó algo que realmente no entendí (su pronunciación del inglés arrusada y mi oído no del todo entrenado), y me lo tuvieron que explicar... Pero zafé bien con la respuesta.
Más tarde me enteré, por uno de los yankis (James) que estaba en el aeropuerto a la vuelta, que mucha gente había comentado "ahora vamos a la charla de la chica con el pelo de colores". Fue una sensación linda saber eso... igual me quedó la duda si iban a ver por mi pelo o por el tema que exponía :D
Terminaron las sesiones de la tarde y me encerré en el cuarto a conectarme en internet. Por suerte había muy buena wifi en la habitación; tanto que casi no prendí la tele.
Suenan dos golpecitos y eran los mexicanos que me invitaban a cenar a un restaurant libanés. Muchas ganas de ir con ellos no tenía, pero insistieron tanto que les dije que sí y allí fuimos. Total, no pensaba quedarme de nuevo a cenar en el hotel, que era bastante caro. El restaurant libanés estuvo... bien, pero no tanto como esperábamos.


MIERCOLES: 
El tercer día estaba realmente cansada, y en las charlas de la mañana estuve pero me costó un montón prestar atención. 

Pegué mi poster, que vergonzozamente era el único en castellano, y me quedé cerca, para poder contarles de qué se trataba a los que no hablaran español. 
Ahí empecé a hablar en portugués.
La segunda cosa linda que me dijeron esta semana fue que hablaba "sem sotaque", es decir sin acento, que parecía brasilera. Por supuesto que después de tantos años de haber vuelto de Brasil me olvidé un montón de palabras, pero poder hablar sin haber perdido los fonemas propios del portugués, me alegra muchísimo.
La tarde de ese día quedé en encontrarme con Martín "Case" Casatti en el Patio Olmos, en el centro. Fue una buena elección, más allá de que ninguno de los dos es habitué de los shoppings. En medio del kilombo de gente me pregunté "¿cómo hago para encontrarlo?"... Sí, en serio, siempre me olvido que tengo el pelo de colores y soy fácilmente identificable, a pesar de mi altura. Nos fuimos a tomar un helado y la verdad fue una charla de esas donde pasan las horas y no te das cuenta.


Charlamos sobre ciencia ficción, sobre los autores que nos gustan y sobre nuestras propias experiencias escribiendo. También sobre las universidades y las realidades que atraviesan, y sobre nuestras parejas. Él se casó con la que había sido su docente en una materia; yo me casé con Nacho, que fue mi alumno en una materia de quinto. 
Me encantó escucharlo hablar de las cosas que lo apasionan, de cómo se planta ante la vida y lo llamé "malito": porque es de esas personas que te lanzan su verdad por la cara, y si te cae mal, bancátelá (así, con dos acentos).
En medio de la charla pasaron el de Nueva Zelanda y luego los dos mexicanos. Uno de ellos me preguntó que si iba a la cena, a lo cual yo contesté que no, porque era muy cara (era una cena armada for export, que salía U$S 45 e incluía un asado al asador, tango y andá a saber qué cosas "argentinas" más).
-Ah, pero ya te pagamos el boleto! -me dice el que ya se estaba poniendo pesadito. A lo cual le dije que no, que lo más probable era que llegara más tarde. 
Martín supongo en sus adentros se reiría divertido, la verdad es que en ese momento decidí quedarme a cenar en el shopping. Mejor sola que mal acompañada (denso como cucharada de moco, el tipo).
La reseña de nuestro encuentro con Martín está en su blog, aquí. Su descripción me emocionó mucho y me halagó que me compare con un láser en su FB (cortito, colorido, coherente... no me acuerdo, me causó mucha gracia!).

Por supuesto, me quedé a cenar en el shopping. Me perdí unas cuantas veces pero así y todo logré orientarme y recorrerlo de punta a punta. Aproveché para comprar regalitos.

JUEVES:
Y llegó el jueves. A la mañana dio la charla Dean Zollman (de Kansas, USA), un grosso que se presenta muy humildemente como un formador de profesores rurales de física (y trabaja con Priscilla Laws y otros en didáctica de las ciencias). Y despues de eso, Isabel Martins, una brasilera dio una charla de la que saqué muchas fotos, sobre el contexto social en que se dan las clases y que toda clase es política. Charlé con ella un montón y me senté a la mesa con ella y los otros brasileros. La mina era una capa, frente a mí le pidieron que fuera referee de dos revistas diferentes. 
A la tarde, luego de las sesiones cortitas, me fui a la terminal a averiguar qué micro salía para el aeropuerto (otra vez no iba a pagar taxi), y si se podía comprar alfajores y colaciones ahí. 

Y ya que estaba a pocas cuadras, me fui a recorrer la parte histórica de Córdoba, los edificios de la época de los jesuitas. Esta vez había llevado a mi amigo el mapa! Así que fui recorriendo lo que pude; en el mismo barrio había mucho por ver. Aunque era de noche, la verdad impresionantes!! Lo que me dio pena fue que no pude apreciar bien las gárgolas de la Catedral.
  
VIERNES:
Y llegué al día final. Las dos últimas conferencias (Mats Selen y Tomothy Stelzer) fueron excelentes. Sobre laboratorios interactivos y un aparatito para medir distintas variables, también para hacer experimentos. Pero además, fueron charlas divertidas!

Terminó eso y Zulma Gangoso presentó al equipo que había estado trabajando en la organización, un momento muy emotivo.

Después de eso, comenzó la presentación del ICPE 2015. ¡Qué sorpresa descubrir que la próxima conferencia se hace en Beijing! Por Dios, me super emocioné, pensando lo lindo que sería ir allí con la excusa de un congreso de Física, y conocer un minúsculo pedacito de la cultura china, cuna del Wushu.
Ya estaban levantándose para irse, cuando pedí una foto grupal, y saltaron los 78 dueños de cámaras pidiendo una foto también: 

En fin, me di cuenta de que necesitaba esto: estar en un ambiente de excelencia pero a la vez muy cálido, donde todo el mundo trataba de hacerse entender y compartía ideas y experiencia.



En el aeropuerto, me encontré con un grupo de yankis que iban en mi mismo avión: Tim, Mats y James. Casi se mueren de envidia cuando les dije que esa noche estaba en casa cenando con mi familia; a ellos les esperaban como 20 horas de viaje, entre vuelos y conexiones. Me sorprendió la humildad y simpleza de todos ellos. James, comentando que había aprendido que él era norteamericano, que americanos éramos todos. Él viajaba sólo con un bolsito de mano y su póster. Tim (uno de los que había dado conferencia plenaria el viernes), ayudándome a llevar una bolsa que se me había roto, tanto para subir al avión como para bajar y buscar el equipaje. Yo qué sé, son detalles que te pintan una persona, su calidad humana.

Volví a casa renovada y a la Facu con ganas de hacer de todo. Espero que no se me pase!!!

Ah! Y mención especial a mi amigo Pedro, que me llevó y me fue a buscar al aeropuerto. GRACIAS!!  



20 febrero 2014

Día del gato

En el día del Gato, les cuento la leyenda de Maneki Neko:

Durante el siglo XVII, en la era Edo, en la época de los señores feudales, existía en Tokio un templo que había conocido días mejores y que tenía serios problemas económicos y estaba semi-destruido. El sacerdote del templo era muy pobre, pero aun así, compartía la escasa comida que tenía con su gata, Tama.
Un día, un señor feudal, un hombre de gran fortuna e importancia llamado Naotaka II ((井伊直孝)) fue sorprendido por una tormenta mientras cazaba y se refugió bajo un gran árbol que se encontraba cerca del templo. Mientras esperaba a que amainara la tormenta, el hombre vio que una gata de color blanco, negro y marrón, le hacía señas para que se acercara a la puerta del templo. Tal fue su asombro que dejó el refugio que le ofrecía el árbol y se acercó para ver de cerca a tan singular gata. En ese momento, un rayo cayó sobre el árbol que le había dado cobijo.
A consecuencia de ello, el hombre rico se hizo amigo del pobre sacerdote, financió las reparaciones del templo y éste prosperó, con lo que el sacerdote y su gato nunca volvieron a pasar hambre.
Tras su muerte, Tama recibió un solemne y cariñoso entierro en el cementerio para gatos del Templo Goutokuji, y se creó el Maneki Neko en su honor. Se dice que un Maneki Neko en el lugar de trabajo, el hogar o incluso una página web atrae la buena suerte y los visitantes.

01 diciembre 2013

Carta Abierta a las guiadoras de la AGA

Hace tiempo que vengo rumiando mi partida de la Asociación Guías Argentinas. Tenía una conversación frecuente con una amiga, donde ella me decía que qué hacía todavía “dentro de las guías”, y yo le contestaba que mientras hubiera algo que yo pudiera hacer por la Asociación, lo haría, que siempre se puede cambiar y mejorar. Y que cuando pensara que ya no podía hacer nada, me iría.

Ese momento, lamentablemente, llegó.

Llegó de la mano de muchas cosas, de esos detalles que, de a uno, son boludeces, pero que acumulados suman (o mejor dicho, restan) un montón…
Un detalle no menor, quizás lo principal: no estuve disfrutando de la mayoría de las actividades guías. Cuando asumo responsabilidades por compromiso con otras personas, cuando no es mi genuino interés, termino preguntándome “¿para qué dije que sí?”. Lo que sí disfruté fue el aporte que pude hacer al consejo de Zona Paxtu, los Cursos de Coordinación de Campamentos I y II.
Pero en sí, la tarea de consejo es muy ingrata: si hacés las cosas bien, nadie te las agradece, y si las hacés mal, te caen como cuervos. Y no tenés a las guías para alegrarte un sábado, porque casi el 100% de la tarea de consejo es con adultas.
Las otras cosas que me hicieron plantearme mi sentido de pertenencia a la Asociación es que yo siento que cambié, que evolucioné, y de repente me encontré sin un lugar real. Entonces defendí mi no-lugar, mi aporte desde lo personal… pero sin cargo no podés hacer absolutamente nada.
Yo cambié: nunca fui nacionalista, ahora sin ningún tipo de culpa.  No creo en los países más que por una división política, pero ésta no define la idiosincrasia de la gente de una región.
Era católica… Pero primero quedé afuera de la Iglesia por divorciarme, y luego, viendo a la iglesia desde afuera, la verdad, no me dieron ganas de volver. Y menos con la cantidad de presiones a las que se ven sujetas las comunidades que trabajan en Parroquias. Poniendo bajo la lupa las doctrinas de la Iglesia, pensé, incluso, que había tardado mucho en irme. Así que tampoco tengo una religión.

El meollo de la cuestión, sin embargo, es otro.

Yo podría haber elegido seguir en un cargo, con más o menos satisfacciones, y disfrutar lo bueno y soportar lo malo.
Podría seguir careteando que no tengo religión ni patria, total, ¿quién se va a poner en juez (o jueza) de eso?
La cuestión vino por otro lado.
Me puse a pensar en qué cosas son fundamentales para el guidismo. Qué cosas son aquellas que, sin eso, no hay un guidismo verdadero. Y llegué a estas conclusiones:
  • Ser un “Movimiento”. La idea de movimiento, de cosa movible, que va cambiando, no se condice con la actual Asociación, que para hacer una página institucional o un manual tarda 10 años. Que para contestar un e-mail tarda meses, o directamente no hay respuesta. Que no se ha subido al cambio en las relaciones entre la gente, que son cada vez más globales y más horizontales, y continúa con una estructura jerárquica y vertical, que no facilita la comunicación entre las bases, entre las diferentes comunidades. Que realiza un encuentro para hablar de temas polémicos, pero luego no se pronuncia al respecto o no realiza un trabajo en consecuencia.
  • El método de educación no formal, basado en el sistema de patrullas, el juego y el Aire Libre. ¿Cómo puede haber guiadoras e incluso instructoras que no les guste el Aire Libre? ¿Cómo puede ser que ya no se use el sistema de patrullas en las guías? ¿Cuándo fue que dejaron de usar el juego para aprender, y lo ven sólo como una actividad para distenderse? Si las guías no tienen aire libre, sistema de patrullas y juego, son un club de barrio, una agrupación de iglesia, no más.

Ahí me di cuenta que la Asociación iba en un rumbo que, en mi opinión, estaba errado. Se hace excesivo hincapié en las formas (el uniforme, el cumplir con los requerimientos de la iglesia, las autorizaciones para salir con los fuegos correspondientes) y casi nada en el contenido (programa acorde a las chicas, creatividad de las actividades, aprendizaje formativo de ellas).
¿Qué es la forma sin el contenido?
Un cascarón vacío. Un bonito uniforme sin valores; una guiadora con fuego verde pero sin capacidad de inventar una actividad original; una persona obediente y sin iniciativas (porque jamás se encontró con dificultades en campamento, o descubrió su vocación dentro del sistema de patrullas).
¿Dónde quedó el liderazgo?
Se fue con el sistema de patrullas.
¿Dónde quedaron las iniciativas, la creatividad, la fortaleza para el trabajo?
Se fueron junto al Aire Libre
Y lo que nos queda es una solemnidad vacía, porque también el juego está desapareciendo.

Comentando esto con diversas guiadoras e instructoras, noté que muchas me daban la razón, pero sin embargo no les parecía tan importante, no participaban en las instancias de decisión, no se quejaban (formalmente, ante las responsables) de las decisiones que las perjudicaban, no proponían nada nuevo.

Y ahí me dije: la equivocada soy yo.

Si todas están contentas con la Asociación Guías Argentinas, es que yo tengo un punto de vista que no coincide. Yo pretendo que cambien las reglas de un juego, y las jugadoras están contentas tal cual están. Y no hay que cambiar nada en la Asociación. Simplemente me tengo que ir,  ya que no puedo compartir este modo de conducirse.
Llegada a este punto, me empezó a molestar usar el uniforme. No por vergüenza, como las guías que son nuevas y tienen miedo a que las carguen, sino porque no me sentí auténtica. El pañuelo que estaba portando dice qué cargo tengo, y yo la verdad no quería ese cargo, sino la libertad de acción para desplegar mi potencial. Y el uniforme muestra mi pertenencia a una asociación de la cual tengo más diferencias que acuerdos.

¿La frutilla del postre?
La decisión de no tratar el tema de los tótems en la Asamblea Nacional.
La moción no se envió a tiempo. No cumplió los formalismos necesarios. Un error administrativo no le permitió ir por la vía correcta.
Pero la decisión, tomada por la mayoría de la asamblea, de no tratar el tema sobre tablas, para mí es jodidamente sintomática. Es como los diputados o senadores que no dan quórum: no es lo mismo perder en una votación, que no tener la oportunidad de votar. “Estamos cansadas, queremos terminar”, no me parece una razón valedera para dejar afuera una moción.
Negarse a discutir ideas, no importa lo descabelladas o, por el contrario, lo fantásticas que sean, es síntoma de una muerte cerebral e institucional.
El tótem en sí no es tan importante, la verdad. Las chicas que lo usan lo van a seguir haciendo, la intención era simplemente poder compartir su riqueza en valores educativos. Pero la moción del tótem era la punta del iceberg de un cambio de cabeza, de empezar a abrirse y a ser permeables a otras propuestas. Y no lo fue.

La realidad actual jode. La realidad es peligrosa, tiene ideas, y cambios vertiginosos que a todas nos asustan. No metamos la cabeza debajo de la tierra como un avestruz, buscando una seguridad que de verdad no existe, porque no adaptarse al cambio es morir. Si las comunidades guías actuales sólo son un aguantadero de gente perdida y con miedo a la sociedad, vamos mal. Si las comunidades, por el contrario, son semilleros de líderes que empiezan por transformarse a sí mismas, para luego transformar su entorno, estaremos hablando de un verdadero espíritu guía.
Enfrentemos la realidad y transformémosla con verdadero espíritu guía.

Unas últimas palabras de aclaración, que esto ya se hizo demasiado largo: me voy de la Asociación Guías Argentinas, no me voy de las guías.

Porque guía soy (como dice la canción), guiadora soy, instructora soy, y gran parte de mi personalidad y mi forma de ser se forjó en las guías. Forjar es una palabra fuerte, que denota un proceso que se da a través de los años.
Y también quiero decir que ¡no me peleé con nadie! Por suerte no tengo rencores, ni cuentas pendientes con ninguna.
Pero no necesito tranzar en cosas que creo fundamentales para pertenecer a una institución y seguir siendo guía.

Fui, soy y seré guía siempre. Y lo que pueda aportar lo haré desde este, mi no-lugar, mi no-cargo. Aquí estoy, para lo que pueda asistirlas.
Siempre Lista!


                                                        Juana Inés Gallego Sagastume,
                                  Chinchilla Perceptiva
      para las que sepan apreciarlo

PD: releyendo este blog, encontré esta entrada, que no difiere mucho de lo que estoy pensando ahora... quizás yo no haya cambiado tanto, después de todo!

02 noviembre 2013

Las etapas de rehabilitación y el gimnasio

Ayer viernes 1º de Noviembre hizo un año de mi lesión...
 ¡WAW! Día de emociones encontradas, ya que fue un año muy extraño! 
Y además también se casó mi hermano.... 
Y fue mi aniversario de promesa guía... 
En fin, de todo.

Pero hoy quiero escribir sobre el gimnasio de rehabilitación. 


ETAPAS:
En este año pasé por muchas etapas.

Avatar de FB
La primera etapa fue la de negación: "No, esta lesión no es tan grave, en un par de meses zafo. Me operan y listo. Si a los jugadores de fútbol en seguida los ponen a jugar de nuevo". Y hacer planes inmediatos, postergar cosas para dentro de unas semanas, porque bueno, no es para tanto. NO. Es que sí es para tanto. 

La segunda etapa, de desesperación: "Esto es una mierda, ¡¡no puedo hacer nada!!". Y rascarse, sentir hormigas en el culo, calambres por estar quieta, tratar de hacer cosas imposibles como un desayuno... Y deprimirse.

Avatar de FB: Painkiller Jane
La tercera etapa, de resignación: "¡No me queda otra! Vamos a ver qué podemos hacer.". Y boludear, jugar, leer, escribir en FB, hacer proyectos y cosas postergadas que no requieren mucha movilidad. ¡Y pedir ayuda! Delegar las cosas que realmente no podía hacer.

La cuarta etapa, de aceptación: "¡Hey! ¡Ya lo peor pasó! Hagamos que esta experiencia y este tiempo valgan la pena". Y ahí salieron resultados increíbles. Leer mientras me conectaban los electro estimuladores, aprovechar el tiempo para escribir mi novela o cuentos, y la concreción de Jane Poppins :)

Estas etapas si bien al principio fueron por orden, luego se repitieron aleatoriamente. Se dieron en casa y en el gimnasio, y tuve días buenos y malos y neutros.

EL GIMNASIO:
Los días malos, me encerraba en mí misma. Es difícil compartir la tristeza. Y esos días me ponía los auriculares, me subía a la bici mirando el piso, no cruzaba miradas con nadie, salvo con el reloj de pared. Los profes del gimnasio, pibes y no tanto, también estaban para esos momentos. Conocen los bajones y saben que es inevitable que en algún momento caigas. Como el día de mi cumple, que se me caían las lágrimas.

Avatar de FB: frase de Kirk
Los días buenos, si bien a veces escuchaba música, por ahí lo hacía con un auricular solo, conversaba con algun@s, saludaba a todo el mundo. Y desde la bici fija recorría kilómetros de planes... y se me ocurrían ideas para escribir o resolvía problemas de mi entorno. Y por supuesto, bromeaba con los profes, nos reíamos o compartíamos historias personales y mp3.

Lo único que puedo asegurar es que TODOS LOS DÍAS le puse garra: si estaba triste para descargar frustración, si estaba contenta porque le ponía toda la onda. Constancia, perseverancia. Aunque al levantarme puteara en ruso, iba igual al gimnasio.

Al inicio, los ejercicios simples.
El día que terminé la pileta
Los ejercicios que cuando me los explicaban pensaba: "me estas jodiendo, ¿eso es todo? ¡Es aburridísimo!". Y sin embargo al primer intento, me moría de miedo o de dolor... Ya mi cuerpo no era el que recordaba, estaba muy asimétrico y poco funcional.

Luego siguieron ejercicios más desafiantes, donde ya el equilibrio, por ejemplo, juega un papel más importante. Y recuperar la propiocepción, la percepción de mi propio cuerpo, y su dominio. O también los ejercicios de fuerza, para ganar músculo. Y salir con las patitas temblando del gimnasio, con las endorfinas a pleno.

Un día me di cuenta de algo.
Tod@s l@s que estábamos ahí, ya sea en la pileta o en el gimnasio o en la sala de masajes y electroestimulación, teníamos algo en común. Nos unía el dolor, de alguna manera. Y también, tod@s estábamos (y estamos) allí porque la estamos peleando.

Empecé, entonces, a observar a las personas que estaban en mi entorno. La viejita que hacía un ejercicio sentada con una pelotita en la mano, el rugbier que se esforzaba en la bici, la chica de hockey que hacía estocadas, el cincuentón que transpiraba los abdominales, la mujer que esquiaba en un ejercicio complicadísimo... No importaba la edad, el género, dónde vivían o a que se dedicaban, cada un@ de ell@s venía de una lesión, de un dolor profundo, del miedo, de una operación. Y allí estaban, estábamos todos, dando el 100% de nuestro esfuerzo. 
Avatar de FB: letanía del miedo mezclado con Yoda
No porque quisieran bajar la panza para el verano; no porque quisieran hacer facha.
Sino porque todos tenemos ganas de vivir bien.
Dando el 100%. Aunque aparentemente algun@s estuvieran quiet@s mirando la nada, me la juego que en su interior estaban librando otras batallas.

Y entonces me di cuenta de otra cosa: había una puerta de entrada para cada una de esas personas. Mirando sus cicatrices, o sus gestos de esfuerzo o de dolor, podías adivinar:
-¿Te operaron de cruzados? A mí también.
A partir de ahí intercambiábamos historias, y la próxima vez el diálogo era otro:
-¿Y? ¿Cómo la vas llevando?
Personal. Íntimo. Y te largabas a contar otras cosas, preguntar a que se dedicaba o hablar de los progresos. Ya después, dar y recibir consejos.
Una especie de Hermandad de la Cicatriz. 
Avatar de FB: Sally

Donde el respeto por el esfuerzo de cada un@ es total. Donde el progreso del/la que está al lado nos alegra, porque nos da esperanza de progresar nosotr@s también, y porque además, ya conocés de alguna manera a esa persona, y te alegra verla superarse y estar mejor. 
Y donde la regla fundamental es no compararse. Porque eso nos dicen casi todos los días: las lesiones son todas diferentes, las personas son distintas y las respuestas en el tiempo, para la recuperación, también son únicas.


Avatar de FB. Mike
El otro día, uno de los chicos renegaba de tener que perder tres mañanas a la semana en el gimnasio. Yo le dije que no lo veía como una pérdida de tiempo; que el tiempo acá me habilitaba para el resto del día, para las demás actividades cotidianas.
Me preguntó:
-Y a vos, ¿cuánto te falta?
-No sé... Yo ya no pienso en esos términos. Estaré acá lo que haga falta para estar bien. Como mínimo, todo el verano... Todavía no puedo correr y saltar, hacer ejercicios con impacto. Pero cuando esté recuperada, si empiezo una práctica deportiva, seguramente seguiré viniendo para reforzar y prevenir lesiones.

Ese día, tenía turno a la tarde para mi revisión mensual. Cuando vi a mi médico, me encontró muy bien, revisó la articulación y la encontró fuerte. 

Ese día, me dio el alta: "Actividad libre".   :)


Avatar de FB: Party Hard! 






14 octubre 2013

Preguntas poderosas

Tengo que tomar una pila de decisiones en estos días. Posibilidades que se abren, pero que al tomarlas restarán Energía (tiempo, dinero, prioridad en pensamiento) a otras actividades. No soy infinita, no tengo tiempo infinito. Hay que elegir.

Y para decidir, me hago estas preguntas sobre la actividad / tarea / responsabilidad / acción:


* ¿Me dará placer hacerla?
* ¿Está alineada con mis objetivos? O dicho de otra manera, ¿Suma a mi vida o resta?


Me encontré en el pasado haciendo mil cosas que tenían distintas direcciones, que en su conjunto me hacían no ir a ninguna parte. Como un conjunto de vectores que sumaban cero, o muy poco, hacia alguna dirección. Y encima, a la mayoría de estas actividades no las disfrutaba. No quiero encontrarme sobrecargada de tareas y responsabilidades que, en el fondo, no elegiría.

Pero aprendí a decir "no" cuando lo necesito. Por otra parte, si tengo que elegir entre cosas que me gustan, elegir la que más me convenga en este balance. Es decir que ya estoy en otra instancia de elección: no solamente elegir las cosas que me dan placer, y dejar de lado las que no (un primer filtro), sino que ahora decido elegir de entre las cosas que dan placer, aquellas que están alineadas con mis objetivos vitales (segundo filtro). 

La mayoría de las actividades / tareas / responsabilidades / acciones, sin embargo, conllevan partes desagradables. Por ejemplo: me gusta la vida de docente universitaria, por más que hay muchísimas instancias de burocracia. La cuestión es decidir hasta qué punto me involucro en esa vida universitaria, si decido ser representante ante el Consejo Directivo, o miembro de una comisión, o no. ¿Voy a disfrutar metiéndome en política universitaria de nuevo, con la adrenalina y las endorfinas de cuando se logra algo importante, pero también con la amargura de saber que hay cosas que no van a cambiar, que son parte del status quo? Si me metiera en política universitaria, ¿me sirve para mi carrera docente? ¿O la perjudica? ¿Hasta qué punto el camino de no involucrarme también sirve?

Y me planteo esto mismo en otros dominios de mi vida: en las guías, en mi empresa Jane Poppins, en la actividad deportiva, en la literatura... hasta en la manera de llevar mi pareja y mi familia.

Me preguntaba hace unos días: 
"¿Estás siendo quien querés ser, la mayor parte del tiempo?"
Y me hice un cartelito para poner en el auto. Esos espacios de manejo, a veces sirven para reflexiones de este tipo. Me di cuenta de que la gran mayoría de las cosas que hago las disfruto mucho, son genuinamente mías. Y bueno, no se puede ser feliz al 100%, ¿no? Y está bien. También hay que bancarse la cola del supermercado, o llevar el auto a arreglar, o ir al cajero a blanquear la clave del homebanking; no hay nada emocionante en eso, pero tampoco es para andar quejándose. 

Y también me pregunté: ahora que no voy a estar en las guías (un espacio donde dejé de sentir el placer de hacer cosas), ¿cuál va a ser mi voluntariado? Y sentí culpa de ya no estar haciendo ese trabajo. La pregunta es, también, ¿qué entendemos por voluntariado? ¿Es laburar gratis, no más? Es que no quiero ser accionada por la culpa, sino por la emoción de hacer algo. Quizás lo puedo pensar como alguna forma de acción y compromiso ciudadanos, una disposición hacia el bien común, un involucramiento en algo que no me va a dar un beneficio inmediato...

No sé. En eso estoy. Reflexionando sobre estas cuestiones y haciéndome preguntas que no son binarias, que no son cerradas, sino que dan lugar a consideraciones interesantes para mi vida.




28 septiembre 2013

Se cierra un ciclo - Madurar


Vengo revolucionando en mi cabeza. Este es un post caótico, con muchas cosas mezcladas... Pero siento que de alguna manera están conectadas.


Musta y Mati
El lunes pasado murió Matilda, mi gata. Estaba viejita, y no estaba comiendo bien. Cuando decidí llevarla al veterinario, murió en el camino. La extraño mucho, y hasta creo que no estoy durmiendo bien porque me hace falta su pequeña presencia arrollada a mis pies, o en el hueco que se hace cuando dormis de costado. En Octubre iba a cumplir 10 años.
Mati disfrutando de su cajita,
una de las últimas fotos que le sacamos
Mati y Musta (tenia ese nombre porque al principio creímos que era gatito, pero resultó ser hembra) eran hermanitas. Me las regaló una amiga, de esas entrañables que la vida se encarga de alejar. El día que nos las regaló, Nacho y yo las llevamos al departamento donde vivíamos; cada uno llevaba una. Esta semana la recordé muchas veces... Mora está triste también. Para que dejara de llorar le dije: "¿Y como será el cielo de los gatitos?", y ella me contestó: "Capaz que es el mismo que el cielo donde está tu papá". Una divina, me emocionó su respuesta... A Mati la enterramos en una cajita, con flores y con un dibujito de ella, y le cantamos la parte del gato de Pedro y el Lobo. Cada vez que abro una lata de atún, extraño sus insistentes maullidos: era una de las poquísimas cosas que la hacía abandonar su puesto en la cama. 
Matilda se llamaba así por el entrañable personaje de Natalie Portman, una nena extraordinaria, en El Perfecto Asesino, película que me encanta.


Musta ya murió en 2009; éste es el post que escribí. Así que ahora que Mati tampoco está, siento que de alguna manera se cierra un ciclo. No sé muy bien de qué, pero sí que es un ciclo vital, algo que termina para empezar algo nuevo. Como que no falta tanto para cumplir 42 años, y dicen (capaz que es una pelotudez, capaz que no) que los ciclos se dan de a 7 años. Pué ser, qué se yo.

Lo que sí sé es que nunca se vuelve al mismo punto. Ya cambiamos en el trayecto. Todo este tiempo que estuve fuera del streamming debido a mi lesión, me dio para reflexionar mucho. (Cuando digo "fuera del streamming" me refiero a que veía al resto del mundo como un río, en movimiento, y yo parada en la orilla)
Para empezar, bancarme estar sola. Sí, mucha gente me ayudó en este tiempo, no lo niego. Principalmente la familia y amig@s cercan@s. Pero MUCHA gente no estuvo. Y me doy cuenta, con detalles no tan pequeños, que no soy una parte tan importante de sus vidas como creía. Hay huecos que dejamos cuando nos vamos que nadie toma, pero tampoco nadie se preocupa en esos grupos, de cuidar de que vuelvas.

Y es así. Lo acepto. A mí me gustan los grupos, trabajar en equipo, me gusta nuclear gente. Pero bueno... en la vida, en definitiva, estamos sol@s, cada un@ con su alma y sus decisiones. 

Y hablando de decisiones: he decidido madurar.
¿Y qué es madurar? Madurar tiene mala prensa, hay bastantes chistes acerca de eso.
Escribí esa pregunta en FB, y obtuve respuestas de lo más interesantes. 
Madurar es:
* Crecer, evolucionar
* Valorar el tiempo que te queda de vida, y de esta manera hacer las cosas que querés hacer.
* Hacer lo que tenés ganas, sin joder a nadie y sin que te afecte lo que los demás tengan que opinar sobre eso
* Asumirnos, asumir la vida, la muerte, la responsabilidad, la identidad...
* Hacerse responsable de las acciones que uno decide. Así estas acciones sean vistas como infantiles por otras personas (relacionada con la otra)
* Tomar plena conciencia de la libertad que tenemos, y ejercerla de manera responsable.
* Decidir no sólo por este instante, sino por los efectos que estas decisiones tendrán para el futuro. No sólo "carpe diem" hoy, sino que lo que haga también lo pueda disfrutar mañana. 
* Saber poder tomar decisiones y saber bancarse las consecuencias. Saber sopesar los pros y los contras y saber valorar lo bueno y lo malo de la vida que nos toca, y a partir de ahí decidir.

Agrego a todo eso que a veces se confunde la inmadurez con la irreverencia y la diversión. Por ejemplo, ir a ver Monster University porque TE GUSTA, sin la excusa de llevar a un/a hij@ no es inmadurez. Ir a verla escudada en l@s peques, por mas que la entusiasmada sea yo y no ell@s, sí. 
En la ultima fiesta en casa me disfracé de hada. Algunas personas me dicen que les encanta mi color de pelo, pero que no se animan "por su edad" u otras excusas... Temen hacer el ridículo. Pero es que no sé si es el tema del papelón, sino de asumirse como un@ realmente es... digo, ni por un instante pensé que estaba haciendo el ridículo, sino que estaba feliz de ser un hada, por un rato. 
Así que para mí madurar es todo lo que dijeron mis amigos, lo que reflexionamos, pero como para resumir: Madurar es disfrazarse de hada, con orgullo y con todo descaro, porque tenes ganas, y no por llamar la atención.

Madurar tiene que ver también con proyectarse hacia el futuro en las consecuencias de nuestras decisiones actuales... lo cual me lleva a una pregunta poderosa que me ha resonado toda la semana, con la que cierro este post:

¿Estás siendo quien querés ser, la mayor parte del tiempo?

Yo... creo que sí :)

20 junio 2013

A todos se nos cae un avión


"Entonces llegué al pico de la montaña, sólo que atrás de ese pico había otro, más alto. La cumbre no está donde vos pensás, sino donde la montaña quiere.", relataba el Dr. Canessa. Él fue uno de los sobrevivientes de un accidente aéreo en los Andes, que sufrió un equipo de rugbiers uruguayos y algunos familiares, alla por los '70.

Me encantan las historias de sobrevivientes. Me emocionan, movilizan algo muy profundo en mí y me dan fe en las personas, en el potencial humano. Por supuesto, en aquellas personas que no se dan por vencidas, a pesar de la perspectiva desalentadora.

Resiliencia. Esa es la clave: doblarse sin romperse. Y me pregunto: ¿qué es estar en supervivencia? Normalmente podemos elegir entre seguir con lo conocido o aventurarnos y hacer algo nuevo. Supervivencia es cuando la opción de lo conocido se desvaneció. Ya no está, y si nos aferramos a eso, enloquecemos. Y a veces, en ese estado, no hay tiempo para duelos; hay que actuar ya, para seguir con nuestra vida. El duelo, la elaboración de lo que sucedió, vendrá después.

La queja, la lamentación, son humanas, y siempre nos aparecen "¿por qué a mi?", "¿qué más me puede pasar?", etc. Pero hay que entender que son preguntas sin sentido y que no nos llevan a nada.

"Qué suerte tenés", le dijo un compañero a Canessa. "Suerte, ¿yo? ¿qué decís?". El compañero le responde: "Vos por lo menos, no tenés las piernas rotas como yo". Y él entendió que a pesar del hambre, la tristeza y el frío, siempre se puede estar peor. Y que él era "las piernas del grupo", que tenía que caminar e intentar buscar ayuda, porque ya los aviones de rastreo habían dejado de buscarlos, porque para el mundo estaban muertos (no para sus madres y sus padres).

Luego de una experiencia traumática algo cambia para nosotros, ya no somos los mismos. Y aunque volvamos al mismo lugar donde vivimos, nuestras prioridades han cambiado, y nuestra manera de ver el entorno. Conozco la sensación de re-conocer lo que nos era familiar. Haber estado fuera de lo corriente, fuera del "streaming" donde están todos los demás. Irse de campamento, estar una semana en la montaña, haciendo comida primitiva, sobrellevando una crecida de un río, de una inundación... y luego volver a la casa, los cubiertos, la tele... Es una situación extraña y maravillosa, donde me doy cuenta cuántas y cuántas cosas tengo, cuántas comodidades, relaciones, personas, mascotas, objetos... que amo y que es imposible valorar en su justa medida en el día a día, en la rutina. Esa sensación de lo valioso que es todo es intransferible. Al menos no se puede compartir entre personas a las que no les haya pasado algo así. Entre sobrevivientes.

Ahora me siento una superviviente, en esta recuperación de mi rodilla que ya lleva más de medio año. En la que, estando ya hace una semana internada, no me atrevo a decir "lo peor ya pasó". Siempre se puede estar peor. Y siempre hay que vivir para estar mejor. 


 Dejo para otra entrada lo que menciona Chuck Nolan (personaje de "Naufrago") acerca de los amores que nos acompañan...