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20 marzo 2013

Bajando del tren



Bajando del tren... mi estación por fin ha llegado.

Por un tiempo estaré fuera de la corriente, del "streaming" real, de ese flujo incontrolable de gente, autos, micros, bicis, hormigas, gatos, viento, hojas, horarios, tele, trámites, ...

De vez en cuando viene bien parar, detenerse a pensar.
Ver el tren desde afuera. Ver como pasa y como se va. Mirar cómo los amigos te saludan desde adentro, y esperar a que vuelvan, para esperarlos, sentada en el andén como una vieja estatua de bronce.
Veloces-fugaces-borrosos, ellos.
In mo vil, quie ta, NÍTIDA, yo.

Y ganar nitidez no está mal.


Han sido semanas intensas, como si estuviera por recluirme, algo así. Literatura, trabajo en Jane Poppins, familia, amigos, reencuentros y charlas, compras para guardar como las ardillas, cosas postergadas.

Hoy fue un día donde manejé MUCHO. Crucé la ciudad infinidad de veces y estoy cansada. Y feliz.

Mañana, pararé... por espacio de un mes, dos, seis... No lo sé. Dicen que en dos meses estaré corriendo. Ojalá pueda tener la habilidad de hacerlo, y no la obligación autoimpuesta.

Próximo aprendizaje: Cómo parar el vértigo de mi vida, sin hacerme pelota una pierna.

¿Cómo encaja en mi esquema mental tomarse un tiempo para pensar, meditar?
A partir de la lesion de rodilla salieron MUCHAS cosas buenas.
Es bueno que las haya podido ver, ¿podré adquirir la habilidad de ver otras cosas, sin estar lesionada?

Mañana saldré del streaming real (no del virtual de internet, de ese no me quiero desenganchar... aún).
Viajaré concientemente a ninguna parte. Un viaje interior, un viaje necesario.

Suena el silbato. En tren se va. Silencio, al fin.